DON MANUEL Y DON JUAN CARLOS

DON MANUEL y DON JUAN CARLOS.

Durante estos días negros de pandemia, han ido planeando sobre la indignación ciudadana las correrías del anterior jefe de Estado, padre del actual. Hoy, 3 de noviembre, no es mal día, como no lo es ninguno, para reflexionar sobre el papel de dicho cargo, y su implicación en el modo de Estado que pueda ser más favorable al conjunto de la ciudadanía. Y lo podemos hacer pensando en quién lo ocupó durante los duros años de la II República y los aciagos de la guerra de España.

Don Manuel Azaña era un intelectual de gran prestigio, cuyos planteamientos coincidían con las palabras de su amigo Max Aub, en su Campo abierto: “- Si vino la República, si he contribuido en cuanto pude a establecerla, es para gloria del espíritu, de la razón, de la verdad, de la cultura. Sin eso, ¿para qué?[i]. Intentemos ahora pergeñar una frase en paralelo, refiriéndose a la monarquía surgida del acuerdo al que se llegó a la muerte del dictador.

Si lo que escogemos es una cita del propio Azaña, el paralelo también es pertinente: “Mi temor más fuerte no es que la República se hunda, sino que se envilezca. La gente ha visto los recios ataques contra la República que he sabido dominar, pero no de su acción para impedir el envilecimiento. ¿Estoy obligado a acomodarme con la zafiedad, con la politiquería, con las ruines intenciones de las gentes que conciben el presente y el porvenir de España según les dicta el interés personal y la preparación de caciques o la ambición de serlo”[ii] Pongamos ahora en negro sobre blanco una cita similar, pensando en los numerosos políticos, zafios, maestros del caciquismo, destructores no solo del partido contrario, sino de toda la convivencia ciudadana. Por descontado no son todos, ni mucho menos, pero sí suficientes para ir inoculando el envilecimiento en las instituciones y la sociedad en general, aquella que hoy con la pandemia, necesitaría más que nunca el espíritu, la razón y la verdad.

Don Manuel Azaña murió un 3 de noviembre de 1940, a las 11,15 de la noche, ahora hace 80 años, en una habitación del hotel du Midí (hoy Mercure), en la céntrica plaza Roosevelt de la ciudad francesa de Montauban.  Los esbirros de Franco querían detenerle y llevarlo a España para fusilarlo. El embajador José Félix de Lequerica, tenía incluso una ambulancia preparada a tal efecto. No le fue posible porque algunos miles de refugiados españoles, republicanos, coparon la plaza y la puerta del hotel. Comunistas, anarquistas, socialistas de a pie, formaron un cordón sanitario ante las pretensiones asesinas.

Estaba alojado en el hotel bajo la protección, y el sustento, de la embajada de México en Francia. En el momento del entierro, se colocó una bandera republicana en el féretro, al prohibir las autoridades francesas su exhibición, por lo que desfiló por las calles, hasta el cementerio, cubierto por la bandera mexicana. Allí fue enterrado en un nicho anónimo, a la espera de que su morada definitiva estuviera lista, y a la que fue trasladado un año después.

1941
1940

 

 

 

 

 

 

Podemos ver aquí la foto de la salida de su féretro en 1940[iii], a hombros republicanos, y el humilde carromato con el que se procedió al traslado a la tumba que aún hoy le acoge[iv], en la que indica, simplemente: Manuel Azaña, 1880-1940.

Un último juego-homenaje: ¿Podemos imaginar, comparándolos, el entierro de don Manuel con el del abdicado monarca, Juan Carlos, el día que ello suceda?

[i] AUB, Max. Campo abierto. Madrid, Alfaguara. 1978. Página 278.

[ii] CONTRERAS, Josep. (2008) Azaña y Cataluña. Barcelona, Edhasa. Página 191.

[iii] Del libro: DE RIVAS CHERIF, Cipriano. Retrato de un desconocido. Vida de Manuel Azaña. Barcelona, Grijalbo. 1981.

[iv] Del libro: EGIDO LEÓN, Ángeles. Manuel Azaña. Entre el mito y la leyenda. Junta de Castilla y León.1998.

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2 thoughts on “DON MANUEL Y DON JUAN CARLOS”

  1. Manific comentari en el record d’un gran estadista que va entendre i estimar,a la seva manera, aquest dissortat país.
    Gonçal

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