MI TÍO JULIO Y LA MEMORIA HISTÓRICA

El 16 de agosto de 1936, fuerzas republicanas, al mando del comandante Bayo, desembarcaron en Mallorca, en las zonas de Punta n’Amer y Sa Coma, donde establecieron la cabeza de puente, intentando recuperar el control de la isla, caída en manos franquistas después del levantamiento del 18 de julio. Anteriormente, el día 13, un grupo de milicianos catalanes de la FAI, no vinculados al plan de Bayo, llegaron a la isla de Cabrera, mientras que las columnas de Bayo y Ulibarri conquistaban Formentera e Ibiza. Bayo se desplazó a Cabrera pidiendo que se realizara una operación de distracción, a lo que los anarquistas catalanes se negaron, desembarcando luego por su cuenta en las calas Mandía y Anguila.

 

Mapa de la zona citada, al este de Mallorca.

Por su parte, los franquistas lucharon por controlar las colinas alrededor de Son Servera, en especial Son Corb y Na Penyal. La lucha de desarrolló con gran dureza. Después del desembarco, los republicanos fortificaron el Puig de Sa Font, donde el día 23, resistieron un contraataque de fuerzas militares, requetés y falangistas. La noche del 3 al 4 de septiembre, por orden de Largo Caballero, se procede al reembarco hacia Barcelona, dejando algunos grupos dispersos que pronto fueron dominados por los franquistas. En los mismos días, llegaban a Mallorca más de una docena de aviones italianos que posteriormente servirían para bombardear constantemente Barcelona y otras zonas costeras de Cataluña.

 

Se ha escrito bastante sobre el tema, e incluso hay una web sobre él[i], pero yo quisiera aprovechar este espacio para hacer una reflexión genérica sobre la memoria histórica. Y me autoriza a ello el que entre las numerosas bajas de aquella expedición se halla un tío mío, hermano de mi madre: Julio García Sabater.

La Vanguardia, 17.7.2016

Yo sabía que había muerto en el lance por mi madre (fallecida hace ya más de treinta años), pero poco más. Gracias a la curiosidad y el esfuerzo de mi prima Margarita Altadill, pude acceder a un artículo aparecido en La Vanguardia del 17-7-2016[ii], en el que se citaba a mi tío Julio. Se trata de una entrevista a unos supervivientes del desembarco, los hermanos Antoni y Alfons Cánovas, residentes en la Barceloneta, que dicen: “Nos pegaron una paliza. Eran un ejército y nosotros chavales sin preparación. A mi amigo Julio García Sabater le pegaron un tiro en la cabeza. Murió en mis brazos”.  Y el otro entrevistado añade: “No éramos de ningún partido. Sólo jóvenes con espíritu aventurero. Pero odiábamos la injusticia”.

 

Y ahí va mi reflexión. A Julio García Sabater no le pude conocer, en muy pocas ocasiones su nombre apareció en las conversaciones familiares (eran diez hermanos); ni tan siquiera tengo una foto suya. ¿Qué sentimiento me inspira el hallazgo que ahora comento, más de ochenta años después de su muerte? Bueno, sí, pena por él, en la distancia, una cierta nostalgia por la familia desaparecida. Pero lo que es más importante: el recuerdo de dicho suceso me ha dejado un

Marineros de la expedición Bayo (Foto Vidal Corella)

sedimento, que se une a los otros muchos de índole parecida: El uso sin escrúpulos de la energía inconsciente de una juventud atraída por una causa justa (él debería tener 18 años a lo sumo), al servicio de intereses que eran inalcanzables con los medios de que se disponía y la situación del contrincante; la incapacidad de unos líderes ineptos incapaces de sopesar los riesgos y las posibilidades de éxito de una empresa que, a la postre, resultó suicida. Se dilapidó el esfuerzo generoso de muchísima gente. Lo dijo Albert Camus, a raíz de la guerra de España: se puede tener razón y perder en el envite. Y yo añadiría que, una mala decisión, una irreflexiva voluntad de lucha sin medir las circunstancias, no solo puede llevar a la derrota, sino que los efectos de ésta se prolonguen en el tiempo, con un resultado contrario al perseguido. Alguien dijo: “hay que saber qué batallas librar”. Y finalmente: ¡qué fácil es arrastrar al pueblo a un conflicto quedando el líder a salvo (Bayo no murió en el citado, y su vida ha dado para varios relatos); qué difícil es gestionar el entusiasmo haciéndolo compatible con una razonada evaluación del contexto, que permita mantener, al menos, la llama de una ilusión que, si se apaga, tarda décadas en volver a iluminar la esperanza.

 

Sí, esta es mi reflexión partiendo de mi tío Julio, que entronca con la necesidad de mantener viva la memoria histórica. Su análisis y difusión irá creando así un poso que configurará un criterio necesario para afrontar los nuevos conflictos del futuro y, también, de hoy en día.

[i] https://batallademallorca.com/ , también: https://manuelaguilerapovedano.wordpress.com/tag/batalla-de-mallorca/

[ii] http://hemeroteca-paginas.lavanguardia.com/LVE05/PUB/2016/07/17/LVG201607170591LB.pdf

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