Aub y Malraux al pie de Montserrat. 1938

Dolça Catalunya

Sigo ofreciendo algunas gotas del deleite que me está produciendo revisar el Laberinto mágico. Como los lectores sabrán, en Cataluña estamos inmersos en un periodo de exacerbación del nacionalismo, con continuadas demostraciones de agrio desprecio hacia lo español por parte de las máximas autoridades, empezando por el presidente, así como de colectivos sociales que tienen como principal objetivo remarcar las diferencias entre Cataluña y España. No entro aquí en juzgar tales declaraciones y posicionamientos. No es el lugar. Pero sí remarcar la perspicacia de Max Aub al describir con tino la situación.

Por ejemplo en el fragmento de Campo cerrado, en su página 58 de la reciente edición de Cuadernos del vigía (2017):

Don Enrique Barberá Comas es carlista, pertenece a un círculo tradicionalista y lee El Correo Catalán. Tiene un gran desprecio por casi todos sus coetáneos, pero ese desprecio es grano de anís en comparación del que se siente por el resto de los españoles, exceptuando los navarros. Sus viajantes no pasan los umbrales de la Gran Cataluña, don Enrique tiene en menos comerciar con quien no entiende catalán. Es posible que sea difícil explicar cómo un monárquico absolutista puede sentirse tan unilateralmente arraigado a Cataluña, es posible que él mismo no se lo explique, seguramente no ha querido intentar explicárselo. Se encuentra bien así, y vive”.

Unas líneas después, amAub y Malraux al pie de Montserrat. 1938plia la visión: “¿Cómo son los catalanes? Es gente atada, se dice a los pocos días nuestro mancebo, replantada en su mismo mantillo, abonada por su mismo humor, irrigada por su propia lengua, más dada a los dineros que a su honra, y muy pagados de esta última. No hay gran descubrimiento, gran hazaña, Gran Metro, gran poema, gran puente, religión, pintura, batalla o cuerno que no tenga su catalán a la vuelta: ni filósofo como Llull, ni poeta como Maragall, ni general como el conde de Reus, ni aéreo como el de Montserrat, ni Exposición como la suya, ni salchichón como en de Vich, ni butifarra como la de La Garriga, ni músico como Albéniz… Rafael aprende que no hay agua como la de Canaletas, ni Vichy como el catalán; Enrique Borrás el mejor actor, Margarita Xirgu la mejor actriz y Terra Baixa el summum. Rafael oye y calla. No acaba de creerlo todo, pero se alegra de haber caído en país de tan buenas prendas.

Lúcido y profético Max (en la imagen, con Malraux durante el rodaje de Sierra de Teruel, en Collbató, al pie de Montserrat -1938-), que no llegó a conocer a la ANC, al señor Torra ni al Institut Nova Història, la generosamente subvencionada entidad que afirma que Colón y Cervantes eran catalanes.

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