AZAÑA Y CATALUÑA, un homenaje.

A la vista de que no sólo están chocando trenes sino dos incompetencias irredimibles, quizá una revisión de lo que otro estadista planteaba, nos puede dar una imagen del enfoque de la República, y compararlo con el de nuestra monarquía.

Sirva ello de homenaje a don Manuel Azaña, en el 75 aniversario de su muerte, en el exilio de Montauban (ver imagen de su humilde entierro).

AZAÑA enterro

Diarios[1]. 14.7.1931: Visita de los diputados catalanes, Companys, A. Xirau y otro cuyo nombre no recuerdo. Vienen oficialmente en representación de la minoría catalana a hablarme del Estatuto y a pedir el apoyo de Acción Republicana. Y el de mi influencia en la Alianza. Hacen grandes protestas de lealtad, de cordialidad, etcétera, y confían mucho en mí, recordando mi discurso de Barcelona el año pasado. Yo les ofrezco que contribuiré cuanto pueda a resolver este problema, que no debe durar más tiempo. Recalco mucho que, como español, no estoy dispuesto a que el país lleve abierta esa llaga en el costado; y que el asunto debe resolverse con criterio de libertad. Les repito algo de lo que dije a Carner y a Hurtado: los castellanos debemos dar ejemplo de magnanimidad, y que si Cataluña no supiese corresponder, peor para ella.

Y más adelante, en las Cortes, al discutirse el Estatut d’Autonomia (27.5.1932)[2]:

Cataluña dice, los catalanes dicen: “Queremos vivir de otra manera dentro del Estado español“. La pretensión es legítima; es legítima porque la autoriza la ley, nada menos que la ley constitucional. La ley fija los trámites que debe seguir esta pretensión y quién y cómo debe resolver sobre ella. Los catalanes han cumplido estos trámites, y ahora nos encontramos ante un problema que se define de esta manera: conjugar la aspiración particularista o el sentimiento o la voluntad autonomista de Cataluña con los intereses o los fines generales y permanentes de España dentro del Estado organizado por la República… Yo no sé si es difícil o fácil, pero nuestro deber es resolverlo, sea difícil, sea fácil…

La política española, o la política de Madrid –como decían los catalanes- frente al catalanismo consistió en negar su existencia; no existía catalanismo ni problema catalán; y cuando ya el regionalismo, el nacionalismo y aun el separatismo hacían progresos, y progresos importantes, cada uno en su orden, en diversas zonas de la sociedad catalana, todavía la consigna de la política oficial y monárquica era que ero no tenía importancia, que eran cuatro gatos… nadie piense que el acto de votar la autonomía de Cataluña es un acto de despecho o mal humor, como si dijésemos: “¡Uf! Estos catalanes, ¡qué pesados!, que nos dejen en paz”. No, no. Si nosotros no estuviéramos convencidos de que el votar la autonomía de Cataluña es una cosa útil para España, justa e históricamente fundada y de gran porvenir, por muchas cosas que hicierais o que dijerais no os votaríamos la autonomía bajo ningún concepto. Es pensando en España, de la que forma parte integrante, inseparable e ilustrísima, Cataluña, como se propone y se vota la autonomía de Cataluña, y no de otra manera.

[1] AZAÑA, Manuel. Memorias políticas. 1931-33. Grijalbo Mondadori. Barcelona. 1996. Página 37

[2] HERREROS, Isabelo (selección). Azaña imprescindible. Sus grandes discursos. Público. Madrid. 2010. Páginas 97, 99 y 128

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