MONTANDO Y DESMONTANDO LA HISTORIA

Como ejercicio intelectual, lejos de las burradas que aparecen en las redes sociales, propongo la comparación de dos textos muy distintos, pero que inducen, espero, a la reflexión.

FRAGMENTO DEL DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA II REPÚBLICA, SEÑOR RICARDO SAMPER, EL DIA 2 DE OCTUBRE DE 1935 EN LAS CORTES, SOBRE EL JUICIO A LA GENERALITAT DE CATALUÑA POR LOS HECHOS DE OCTUBRE DE 1934[1].

El Tribunal de Garantías Constitucionales resolvió el recurso (del Gobierno respecto a la Ley de Cultivos) declarando nula la ley por carecer de competencia el Parlamento catalán para dictarla; la Generalitat aparentó que también consideraba la ley nula, puesto que prescindió de ella, como si no existiese; pero inmediatamente dictó en 14 de junio una nueva ley cuyo texto era idéntico al de la anterior, “con sus puntos y sus comas”; esta fue la frase. Es indudable que todos, o casi todos, entendimos que si aquella ley de 14 de junio era una reiteración de la anterior de 12 de abril, le alcanzaba también el sistema de nulidad fulminado por el Tribunal de Garantías Constitucionales.

¿Cómo reaccionaron los grupos parlamentarios frente a la actitud de la Generalitat de Cataluña?… Unos creyeron que debían ponerse de un modo abierto o embozado al lado de la Generalitat. Para ello afirmaban que la interposición del recurso por parte del Gobierno había sido un error y decían: “Si el Gobierno no hubiera entablado el recurso, no existiría el conflicto”. Y era evidente. Pero si el Gobierno catalán no hubiera promulgado la ley de Cultivos, no habría habido necesidad de entablar tal recurso (Risas). Y si no existiera el Estatuto, el Parlamento catalán no hubiera votado la ley, y si no se hubiese proclamado la República, posiblemente no existiría el Estatuto, y si no hubiera existido la Dictadura con sus abusos, tal vez no se hubiera proclamado la República, y si no fuera porque la monarquía estaba en periodo decadente, no habría venido la Dictadura, y así hasta el infinito (Rumores y risas). Por un clavo se pierde una herradura, por una herradura se pierde un caballo y por un caballo se pierde un caballero (Nuevas risas y rumores).

Y ahora, un texto teatral actual, basado en las matanzas acaecidas en el Líbano en 1982, pero extrapolables a infinidad de conflictos.

INCENDIOS[2].

MÉDICO- Cogieron a todos los niños. Hasta a los que acababan de nacer. A todos. Estaban muy enfadados.

SAWDA- ¿Por qué?

MÉDICO- Para vengarse. Hacía dos días que los milicianos habían ahorcado a tres adolescentes refugiados que se habían aventurado a salir del campo. ¿Por qué los milicianos colgaron a los tres adolescentes? Porque dos refugiados del campo habían violado y matado a una chica del pueblo de Kfar Samira. ¿Por qué estos dos tipos violaron a esta chica? Porque los milicianos habían lapidado a una familia de refugiados. ¿Por qué los milicianos lapidaron a esta familia? Porque los refugiados habían incendiado una casa cerca de la colina del tomillo. ¿Y por qué quemaron la casa, los refugiados? Para vengarse de los milicianos que habían destruido un pozo de agua que ellos habían perforado. ¿Y por qué los milicianos destruyeron el pozo? Porque los refugiados habían quemado la cosecha al lado del rio del perro. ¿Y por qué quemaron la cosecha? Seguramente hubo alguna razón, pero mi memoria se para aquí, pero la historia aún se podría seguir hasta mucho tiempo antes, de una cosa a la otra, de rabia en rabia, de pena en tristeza, de violación en asesinato, hasta los orígenes del mundo.

Más allá de constatar que la astucia no es patrimonio exclusivo de Artur Mas, y sin tomar partido por ninguna de las partes en litigio, leídos los textos, propongo que los que azuzan, de una y otra parte, los rencores y los agravios históricos, se vayan a casa, y que no vuelvan a aparecer en ninguna de las etapas que nos esperan en el futuro.

 

[1] El Govern de la Generalitat davant el Tribunal de Garanties Constitucionals. Barcelona. Ed. La Publicitat, 1935. Pàg. 228

[2] MOUAWAD, Wajdi. Incendis (ed. en catalán). Ed. Del Periscopi. Barcelona, 2017. Pàg. 178

 

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