LA MEMORIA NECESARIA

Nos dice Enzo Traverso (De la memoria y su uso crítico): “La irrupción de la memoria en el espacio público de nuestras sociedades se inscribe en una tendencia general propia de la modernidad: la crisis de transmisión. Walter Benjamin captó sus síntomas… identificando el declive de la experiencia transmitida, en beneficio de la experiencia vivida”.

En el mundo actual, en la era de Twitter (y de alguno de sus estrafalarios usuarios), se reciben tantos mensajes, hay tantas dudas sobre su veracidad, que los filtros que ponemos a experiencias de otros hacen difícil que éstas pasen a engrosar nuestra memoria, y mucho menos que queden en ella acompañadas de un sentimiento, de una emoción que las consolide. Desconfiamos de las experiencias de otros, y no estamos preparados para utilizar la nuestra, sin recursos ante situaciones que nos desbordan.

Pero por otra parte, cada vez es más necesaria la memoria, uno de los elementos claves para afrontar el futuro, evitando tropiezos de antaño. Ante un dilema, una situación conflictiva, tenemos que utilizar todo nuestro bagaje para terminar tomando una decisión. Necesitamos analizar situaciones similares, problemáticas con raíces parecidas, y ver como terminaron, si la solución utilizada entonces es aplicable en nuestro caso.

Lo necesitamos, y cuanto más ampliamente mejor. No hay substituto: si no hurgamos en la memoria, el riesgo de caer en mesianismos (de recetas edulcoradas y resultados esclavizantes) es demasiado grande.

Otra cita, esta vez de Francesc-Marc Alvaro (Entre la memoria y el olvido): “La memoria es un producto directo de la experiencia (no sólo propia, también recibida), y como tal corresponde a incontables y singulares puntos de vista, siempre necesariamente parciales”. Así que será preciso un esfuerzo, no sólo para recoger informaciones de otros, cuanto más ricas y variadas mejor, sino también para filtrarlas, hacerlas nuestras y mantenerlas vivas para que nos sean de utilidad.

Todo ello viene a cuento dada la caótica situación en la que está entrando nuestro mundo. La época que tiene como máximo exponente al señor Trump, necesita respuestas por parte de la ciudadanía, si no quiere quedar inmersa en una nueva edad media de señores feudales (hoy anónimos, escondidos detrás de fondos de inversión) y siervos atemorizados (trabajadores pobres, precarios, sin referentes grupales). ¿Nos valen las experiencias (las memorias) del pasado? Yo creo que sí.

Termino con una nueva cita, esta vez del admirado escritor Stefan Zweig (El mundo de ayer): “Obedeciendo a una ley irrevocable, la historia niega a los contemporáneos la posibilidad de conocer en sus inicios los grandes movimientos de una época. Por esta razón, no recuerdo cuando oí por primera vez el nombre de Adolf Hitler… el nombre de quién ha traído más calamidades al mundo que ningún otro de todos los tiempos”.

Sí, aunque fuera sólo por esta advertencia, ya sería importante guardarla en las estanterías de nuestra memoria. La humanidad no reaccionó ante el peligro, cada vez más evidente, de un fascismo progresivamente radical. Tuvo que arreglarlo (y mal) pagando el precio de millones de muertos. De momento no parece que se haya activado su recuerdo: no parece que se evoque la actitud de millones de alemanes que le votaron (no por nazi, sino por el señuelo del orden, de la recuperación económica…); tampoco a los débiles políticos que orquestaron la No-Intervención, dejando a la República española a los pies de bárbaros caballos; o la del diminuto rey Emmanuel III, confirmando a Mussolini como presidente del Consejo, al ver su “marcha sobre Roma”.

Y ahora fijémonos en los titulares de los periódicos: Trump, Erdogan, Putin, Orban, y otros en la puerta: Brexit, Le Pen, reformas (judicial, laboral, de orden público) de Rajoy… Hay serpientes muy diferentes, pero sus huevos se parecen bastante. Sí, es preciso incorporar la memoria propia y ajena a nuestros análisis. No es la primera vez que pasa, y desgraciadamente no será la última. Y alguna cosa se tendrá que hacer, a nivel colectivo, pero también personal.

Es lo que he intentado comunicar en mi nueva novela “Fill de la memoria (Hijo de la memoria, en proceso de traducción al castellano y al francés), de la que podéis ver (por ahora, sólo si entendéis el catalán) algunos detalles en esta misma web.

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