EL CARRER

 

VERSIÓN EN CASTELLANO

Ara que a Catalunya tenim nou Parlament, després d’uns mesos de gran protagonisme del carrer com a eix director de la trajectòria política del país, potser podríem reflexionar sobre el paper de cadascun d’ells. En efecte, podem considerar els partits polítics com a nexe entre la complexa tasca parlamentària de regulació de la convivència i les aspiracions populars manifestades de diversa forma, ja sigui al carrer o mitjançant les xarxes socials per exemple, que diuen com voldrien (els que es manifesten) que fos aquella.

Sembla que les entitats organitzadores de les grans expressions al carrer, tenen també un nexe amb alguns dels partits polítics esmentats, es vegin o no els seus líders a les capçaleres o  darrere les pancartes. Però hi ha un cert perill de desorientació quan es perd, per part de la ciutadania, el sentit de quin és el paper a jugar per uns i altres. Tant veritat és que els legisladors, ni tan sols el govern, no poden actuar aïlladament, sense percebre el batec del poble, com que aquest no ha de marcar el ritme del país basant-se en un nombre més o menys alt d’assistents a una manifestació determinada, pretenent que els parlamentaris es pleguin al seu legítim però simplista i sovint maniqueu mandat.

Una cita que ens pot fer reflexionar sobre el tema, la trobem al llibre de Francisco Olaya Morales, El expolio de la República (Ed. Belaqua, 2004), on a la seva pàgina 12, diu: “El fracaso de la convivencia parlamentaria durante la República hay que buscarlo en el hecho de que los intereses representados por los dos grandes partidos parlamentarios de aquel entonces, el PSOE y la CEDA… -intereses muchas veces incompatibles-, desembocan en luchas sociales difícilmente resueltas dentro del ámbito parlamentario… Como consecuencia de lo anterior, el conflicto que se desarrolló entre ambos en las Cortes y, en sus respectivas participaciones en el gobierno, trajo a Madrid desde provincias las luchas agrarias, mineras e industriales más enconadas, y siendo imposible que apaciguasen allí, aquellos conflictos volvieron ya más extremados al campo y a la calle”.

Si els partits no són capaços de regir per la via parlamentaria els destins del país, i s’espolsen la responsabilitat adduint una voluntat popular com a únic valor inamovible; si traspassen al carrer la tasca que haurien de fer ells; si després, encara pitjor, egoistament, volen recollir l’esforç popular en benefici propi, la convivència es fa difícil, i el futur esdevé incert.  Tothom té el seu  paper en aquesta obra, i en ambdós casos és imprescindible la seva actuació, però intentar utilitzar la ciutadania per escapar de les pròpies responsabilitats polítiques pot ésser desastrós per al conjunt del país. Saber el que vol la gent és imprescindible, però no una porta per on escapar-se de la responsabilitat de governar.

 

————-  Versión: castellano CASTELLANO ———————

 

Ahora que en Cataluña tenemos un nuevo Parlamento, después de meses de gran protagonismo de la calle como eje conductor de la trayectoria política del país, quizá podamos reflexionar sobre el papel a representar por cada uno de ellos. En efecto, los partidos políticos se pueden ver como el nexo entre la compleja tarea parlamentaria de regulación de la convivencia y las aspiraciones populares manifestadas de muy diversas formas, ya sea en la calle o mediante las redes sociales, por ejemplo, indicando como quisieran (los que se manifiestan) que fuera aquella.

Parece que las entidades organizadoras de las grandes expresiones en la calle tienen también un nexo con algunos de los partidos políticos mencionados, se vean o no sus líderes en primera fila o detrás de una pancarta. Pero existe un cierto riesgo de desorientación cuando se pierde por parte de la ciudadanía la noción de cuál es el papel a jugar por unos y otros. Tan verdad es que los legisladores, y también el gobierno, no pueden actuar aisladamente, sin percibir el latir del pueblo, como que éste no ha de marcar el ritmo del país basándose en un número más o menos elevado de asistentes a una manifestación determinada, pretendiendo que los parlamentarios asuman sin rechistar su legítimo pero simplista y a menudo maniqueo mandato.

Una cita que nos puede ayudar a reflexionar sobre el tema se encuentra en el libro de Francisco Olaya Morales: El expolio de la República (Ed. Belaqua, 2004), en el que en su página 12 dice: “El fracaso de la convivencia parlamentaria durante la República hay que buscarlo en el hecho de que los intereses representados por los dos grandes partidos parlamentarios de aquel entonces, el PSOE y la CEDA… -intereses muchas veces incompatibles-, desembocan en luchas sociales difícilmente resueltas dentro del ámbito parlamentario… Como consecuencia de lo anterior, el conflicto que se desarrolló entre ambos en las Cortes y en sus respectivas participaciones en el gobierno, trajo a Madrid desde provincias las luchas agrarias, mineras e industriales más enconadas, y siendo imposible que apaciguasen allí, aquellos conflictos volvieron ya más extremados al campo y a la calle”

Si los partidos no son capaces de conducir por la vía parlamentaria los destinos del país, y se sacuden la responsabilidad aduciendo una voluntad popular como único valor inamovible; si traspasan a la calle la tarea que debieran hacer ellos; si después, aún peor, quieren recoger el esfuerzo popular en beneficio propio, la convivencia se hace difícil y se atisba futuro incierto. Todos tienen su rol en esta obra común, y en ambos casos es ineludible su actuación, pero intentar utilizar la ciudadanía para escapar de las propias responsabilidades políticas puede ser desastroso para el conjunto del país. Saber lo que quiere la gente es imprescindible, pero no una puerta por la que escapar de la responsabilidad de gobernar.

Antoni Cisteró

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