¿QUÉ PASÓ EN EL COLL DE LLI? – 2

En la primera entrega quedó claro que el paso por el Coll de Lli era dificultoso aunque no muy largo. Las rutas senderistas nos indican que desde La Vajol (529 m. de altura), se llega al Coll de Lli (710 m.) en una hora, y que en unos 45’ se llega ya a Les Illes. Aun añadiendo la dificultad del momento, las prisas y la previsible poca forma física de los participantes, si tenemos en cuenta que al menos una parte del trayecto se realizó en coche, se presume practicable para todo el mundo. Además, Azaña nos indica que sus coches (y servicio) se habían adelantado, pasando por otra frontera, para esperarle en Les Illes[1].

Posiblemente, se escogió el paso por el Coll de Lli por ser más corto que el trayecto por el Coll de la Manrella, que hubiera implicado media hora más. Desconozco el estado del camino, pero si como se dijo en la primera entrega, se optó por el Coll de Lli, alguna posibilidad de pasar con coches adecuados habría, cosa que quizá por el otro camino no sería tan factible.

Una pista nos la pueden dar las memorias de Julián Zugazagoitia, que nos relata los sucesos de aquel día, apuntando que una vez acompañado Azaña hasta Les Illes, al volver se encontró con Companys y Aguirre (lo veremos en la 3ª entrega). Nos dice: “Negrín le dedica las últimas cortesías protocolarias (a Azaña) y vuelve a meterse en España. De regreso se cruzan con otra caravana. Coches de la Generalitat. Viajeros: Companys, Aguirre, Irujo…”. Lo remarco: con coches.

Sin embargo, el día fue muy azaroso. En parte, asumo, debido a la aglomeración de personas que cruzaron la frontera aquel día. La acumulación de cargos relevantes de la República y de los gobiernos autonómicos fue importante. Veámosla someramente.

República: Con el presidente Azaña pasaron su esposa Dolores Rivas y su cuñado, Cipriano Rivas Cherif y su secretario Santos Martínez, así como el presidente del Consejo, Juan Negrín. Con ellos iban también (citado en diversos diarios y reseñas consultadas), como mínimo: José Giral (ministro sin cartera), el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, su cuñada y algunos funcionarios de su secretaría y de la escolta[2].

Además, Azaña contaba con miembros de su Izquierda Republicana, que le precedieron para inspeccionar el trayecto, como él mismo nos dice: “Unos cuantos jóvenes: Diego Mesa, Daniel Tapia y otros, fueron delante, a situarse en el puerto”. A ello cabría añadir la escolta, que se supone hizo también la misma operación de inspección. Lo veremos luego.

Companys y Aguirre

Gobierno Vasco: Al menos, según indican diversas fuentes, pasaron el presidente Aguirre, Manuel Irujo y Julio Jáuregui. Su escolta también debería estar presente, pero quizá pocos más, puesto que en el coche de ellos, había también Bosch i Gimpera (consejero de Justicia de la Generalitat). Sin embargo, no sería el único coche, ya que: “los acompañaban funcionarios de la administración basca, ayudantes y un grupo de gudaris de escolta.

Generalitat: Lógicamente, fue la comitiva más numerosa. Además del presidente, Lluís Companys y su esposa, pasaron en su coche Carles Pi i Sunyer (Cultura), Josep Tarradellas (Conseller en cap) i Antoni M. Sbert (Gobernación). Benet nos ilustra algo más: “Seguía un grupo de colaboradores, funcionarios, familiares y escoltas presidenciales”[3]. Además, cuenta Azaña que al llegar a su última etapa en España, en La Vajol, se encontró “en la casa a siete y ocho señores de Acció Catalana, entre ellos Ragasol (subsecretario de Justicia con Bosch i Gimpera) y Peipoch (secretario general de AC)[4], que se supone pasarían también al día siguiente hacia Francia.

Vayamos pues a las escoltas.

—LAS ESCOLTAS. Merecen un comentario aparte. Que eran numerosas es evidente. El riesgo de ataques era alto, no solo por parte de la aviación rebelde, sino incluso de emboscados, desertores y fascistas que esperaban la llegada de las tropas franquistas. Solo cabe mencionar una anécdota que nos narra el propio Azaña: “En el camino de Figueras, unas pandillas de fugitivos nos robaron el coche de servicio del batallón de guardia”. Y sigue, respecto al número de su escolta: “Como defensa, contaba con una compañía de fusiles. Las otras compañías del batallón -se supone que de escolta presidencial-, no pudiendo alojarse en Perelada, estaban acantonadas en otros pueblos”. Y abunda: “Por cierto que, 20 días antes, habían querido desarmarme el batallón, alegando que sus 700 fusiles eran necesarios en el frente”. Si no tantos, si cabe asumir que la protección presidencial contaba con algún centenar de miembros, que por cierto tuvieron sus más y sus menos con los carabineros que a la sazón ocupaban La Vajol.

Por parte del gobierno vasco, también una buena cantidad de gudaris acompañó a su presidente hasta el exilio. Ignoramos cuántos, pero sí que podemos cuantificar aproximadamente los mossos de escuadra que pasaron, si nos fijamos en lo que dice Josep Benet: “El jefe de los Mossos de Esquadra, Frederic Escofet, dispuso que los presidentes Companys y Aguirre fueran escoltados por Mossos de escuadra, unos en moto y otros en camioneta. Escofet, que estaba en Agullana, se dirigió a La Vajol al frente de su gente, unos setecientos Mossos, y en el kilómetro 8, siguieron por un camino de cabras que ocuparon militarmente para asegurar el paso de las personas que Companys les había confiado[5]. No es aventurado pues pensar que en total, al socaire de los gobiernos central y autonómico, llegó a pasar, la mañana del 5 de febrero de 1939, un millar de personas, ya que las escoltas siguieron con las autoridades hasta llegar a Les Illes. A ellos hay que añadir la ingente cantidad de fugitivos que iban pasando también por aquel trayecto, y que algunos autores evalúan en unos 50.000 en total, durante los diez días que duró La Retirada. En una entrevista a un mosso que lo vivió en persona[6], afirma que salieron de Barcelona unos mil miembros del cuerpo. Narra que salieron de Agullana y llegaron al Coll de Lli “por un camino de cabras”, pero que allí, después de un breve descanso, entraron formados en territorio francés. No habla de que rindieran honores a las autoridades antes de rendir las armas a los gendarmes franceses, cosa que sí hicieron los escoltas de Azaña.

Para terminar, otra anécdota ilustrativa. Como contó el jefe de los mossos, Frederic Escofet, a Josep Benet, sentía una cierta tristeza puesto que todos los gudaris que acompañaron a Aguirre optaron por quedarse en Francia, al lado de su presidente. En cambio, la casi totalidad de los mossos, excepto unos 25, eligieron retornar a España, cosa que hicieron al llegar al campo de internamiento de Argelés y ver las condiciones insalubres en las que se hallaban. Su alegría no fue tanta cuando, subidos en un tren que entró en territorio español por Hendaya, acabaron en el campo de concentración franquista de San Pedro de Cardeña, en Burgos.

[1] Carta de Manuel Azaña a Osorio y Gallardo, en: AZAÑA, Manuel. Memorias de guerra. 1936-1939. Barcelona, Grijalbo Mondadori. 1996. Página 447.

[2] JULIÁ, Santos. Vida y tiempo de Manuel Azaña. Barcelona, Taurus, 2018. Página 449.

[3] BENET, Josep. Exili i mort del president Companys. Barcelona, Sàpiens publicacions. 2005. Pág. 44

[4] Carta de Manuel Azaña a Osorio y Gallardo, citada. Página 444.

[5] BENET, Josep. Op. Cit. Pág. 44

[6] MALAGELADA, Josep M. L’èxode dels mossos d’esquadra el 1939. Avui, domingo 6.2.1977. Página 11

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